miércoles, diciembre 26, 2012

Un Monumento para Juan López





Juan López & Cía.

Parece que el tipo finalmente no se va a morir, pero nosotros ya le habíamos hecho el monumento. Pensábamos colocarlo en alguna plaza, después de todo el poeta tiene un trabajo llamado “Dos en una plaza”, pero el monumento se lo hicimos a él solo.

La escultura es de mazapán, que son esas coberturas de tortas de cumpleaños que una vez que endurecen no desaparecen jamás, porque era lo que había sobrado y porque después de todo, y aunque él lo niegue, Juan es un “pija dulce”. Lo imaginábamos cabalgando como un caballero del medioevo, especialmente porque cualquier héroe sentado sobre un caballo destila respeto, haya sido quien haya sido. La idea era desmontar a cualquier prócer y en su lugar colocar a Juan Mazapán. Mucha fue la desilusión al comprobar que son pocas las estatuas, salvando a San Martín, que andan a caballo por nuestras plazas. La coherencia, el pudor, el decoro y nuestras mujeres nos sugerían colocar el monumento en la Plazoleta de los Poetas, pero una vez más hicimos caso omiso a esos cantos de sirenas y preferimos pegar en donde más duele.

Pensábamos que si queríamos hacer historia debíamos “corregir” aquel momento simbólico que los historiadores llamaban absurdamente “origen de la civilización”. Don Pedro del Castillo sería destituido de su pedestal y colocaríamos en su lugar al Juan, así, con los pelitos canosos medios enrulados tirados para atrás, la frente amplia y la cara de empleado público tomando café detrás de un mostrador. ¿Quién se iba a dar cuenta? Teníamos todo planeado, el cambalache sería la noche del viernes santo.  Mientras un grupo se encargaba de pintar el monumento de Pichuco, que queda por ahí cerquita y que serviría como coartada para despistar al vecindario, a la policía, a la prensa y a la gilada, el resto se encargaba de reemplazar, así, de un plumazo, a un conquistador ignorante por un poeta de la san puta. No me digan que no era la gloria, uno de esos momentos sublimes de la existencia, un flash en medio de la noche oscura de la historia, esta vez sí que ganábamos por afano. No se ha efectuado un hecho literario de tal magnitud en todos estos tiempos chatos y aburridos, y nosotros estuvimos a punto de realizarlo, de hacerlo carne o mazapán, da igual, pero el pelotudo del Juan no se murió y ahora no sabemos qué hacer con este masacote de azúcar cada vez más duro, con las piernas encorvadas, como la tienen todos los jinetes montados pero sin caballo, y con la cara de Juan López.

Aún así la cofradía no ha desestimado su proyecto y está pensando realizar ciertas ceremonias de exorcización, especialmente luego de que algunas manifestaciones esotéricas alarmaran a la jauría. Para empezar es muy extraño que el poeta no haya muerto por razones naturales o no la hayan matado por un ajuste de cuentas ya hace rato. Esto nos lleva a pensar que tal vez Juan López sea un vampiro, y todo el mundo sabe el tipo de porquería que son esos bichos.  Pero sumado a esto se han sucedido toda una serie de eventos aún más extraños. Ya es leyenda el foul metafísico que sufriera nuestra máxima estrella del área chica, Marmat Padilla, en un potrero de la calle Limón, en El Bermejo. Nadie puede aún explicar cómo un jugador del tal calibre puede sufrir semejante lesión (un desgarro de 10 cm. en un gemelo) sin siquiera tocar el balón y sin ser obstruido por el adversario, es innegable que fuerzas gravitacionales confluyeron violentamente sobre el punto exacto del tiempo y del espacio en donde se encontraba precisamente parado el delantero. Literalmente, podemos decirlo sin equivocarnos, “le cortaron las piernas”. Por pura cortesía, amor al deporte y la nobleza que nos obliga, aunque yo creo que fue más por desidia de sus compañeros, el partido siguió su curso normal, pero sin Padilla y sin su magia. Otras de estas manifestaciones extrañas fueron el caso de Dani Poxner, afamado monologista vernáculo, cuyo embarazo psicológico lleva casi 24 meses de gestación. Inútiles son los esfuerzos de su familia para convencerlo de que la embarazada era su mujer, y no él, y que su hijo ya nació y necesita un padre que salga a buscar trabajo, realidad que el mismísimo Poxner niega y desestima argumentado que es imposible salir a buscar empleo con “esta panza así de grande y los pies hinchados”. En otro orden de cosas, pero hay que decirlo, en muy poco tiempo se hizo leyenda una historia que es una verdad a ocho voces: “cuando Facu Mercadante y el Negro Hidalgo, después de voltearse a Romina Garshabene en el baño de una confitería de la calle Emilio Civit, despertaron, el dinosaurio… todavía estaba allí”.

Por estas y otras tantas extrañas obsesiones y volviendo al monumento, debo informarles, sin ánimo de alamar a nadie, que debido a las infelices circunstancias y viendo que este pelotudo no se quiere morir por su cuenta, la comisión “Reemplazo y Mantenimiento de Monumentos Públicos” ha decidido por unanimidad darle muerte certera al poeta mendocino Juan López el próximo viernes santo en la mismísima plaza Fundacional, a la vieja usanza y sin testigos presénciales más que los que en este documento se han nombrado o se han dado por aludidos. Acto seguido, y como ustedes ya sospecharán, erigiremos su monumento.

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