jueves, diciembre 27, 2012

Spinetta según Capusotto



Luis Almirante Brown, ese delicioso personaje de Peter Capusotto (parodia-homenaje a Luis Alberto Spinetta) es una de las maravillosas creaciones del actor. Para el que no lo vio o no lo recuerda, L. A. Brown es la representación del artista incomprendido por las masas, un artista delicado y lírico, de indiscutible nivel poético, poseedor de una pluma sublime, pero con un lenguaje extremadamente “elevado” para el común del público. Alertado por su escasa conexión con las masas, el mismo personaje busca estrategias de conexión con la “lengua popular”. En su intento por desenredar su intrincado laberinto de metáforas, el artista traducirá su lírica poética al idioma de las masas populares. Los resultados serán abrumadores, la dichosa traducción de la “poesía” al lenguaje de los “lumpen” se transforman en contundentes éxitos de masividad y su correspondiente records de ventas.

Los tópicos de la parodia “capusottiana”, en este caso, son múltiples y podemos hacerles diversas observaciones con distintos niveles de profundidad analítica. Quizás el tópico más notorio es la parodia que se le realiza al mismísimo L. A. Spinetta, músico de notable respeto e intachable reputación literaria, que sin embargo se caracterizó durante toda  su carrera por un mensaje “hermético” y  una “militancia creativa” que siempre luchó en contra de lo “vago” y  lo “trivial”, lo que no significa un rechazo a lo popular, pero si una marcada “estilización” del uso de la palabra escrita y cantada. Dejaremos en el nivel de las anécdotas la consabida admiración que siente Capusotto para con la obra del músico de Bajo Belgrano, así como también la instantánea “interpelación” o “identificación” que sintiera este último al verse “retratado” en el personaje de L.A. Brown.

El tópico central de esta parodia se centra en la estrategia “bretchtiana” que utiliza el personaje para desnudar el sentido del significante y mostrar el verdadero sentido del significado, dar vuelta la escena para mostrar lo que queda oculto tras la metáfora, la “traducción” del idioma “civilizado” al lenguaje de la “barbarie”. Los ejemplos son claros, cuando el poeta lúcido y sublime canta “déjame elevar mi bruma estelar hasta el contorno de tus palabras”, lo que en realidad está diciendo es “Me pides abrigo para que tu boca reencarne... acá tengo mi bufanda de carne”. L. A. Brown argumenta que el público popular no conoce y no maneja los códigos de la academia y del “buen gusto” y por tanto adolece de un criterio cognitivo capaz de desmenuzar el sentido y la interpretación de sus metáforas, pero lo que en realidad hace el personaje de Capusotto es irse al otro “extremo” de la interpretación, al costado más “primitivo” del entendimiento, dejando al descubierto que lo que el poeta está expresando en su obra es el resultado de un sentimiento primario y tan común, como es el deseo sexual. El “poeta sublime” comparte con el obrero de la construcción los mismos intereses y las mismas necesidades relacionadas con lo sexual: “Que tal si comparten silla/ vos/ tu hermana /y esta morcilla”.

Un tercer tópico de esta parodia está dedicado a la producción masiva de “mercancías culturales”, que más que producciones artísticas son reproducciones burdas y banales, refritas imitaciones del “sentir popular”,  exacerbando lo “primitivo” y lo “bruto” y consagrándolo a través de los estadios y los teatros llenos, el “éxito televisivo” y los miles de discos vendidos. La mirada de Capussoto se hace ahora menos absurda pero gana en crítica, aunque sin perder su particular cinismo. El público en masa no siente, no piensa, no se expresa, simplemente va hacia la exacerbación de lo primitivo y se deja seducir por lo que el mercado cultural le ofrece, consume la reproducción de sus miserias y desestima lo artístico y lo “sublime”. Lo particular del personaje L. A. Brown es su interpretación de la realidad y su interferencia en ella, este artista no se deja vencer por el fracaso, se sabe un creativo incomprendido pero sin embargo logra convencer a la multitud con lo más grotesco de sus creaciones.

Hasta aquí una primera aproximación al mundo capusottiano y su posible interpretación sociológica, muy ligera, muy por encima y totalmente destinada a la crítica más voraz. Este es apenas un tímido intento de apertura al debate y a la discusión. Antes de terminar este esbozo quiero dejarles una última observación, algo alejada del análisis central y un poco caprichosa, sobre el personaje L. A. Brown. Me animo a decir que el personaje no fue creado originalmente por Capusoto sino más bien por su propio “modelo”. Quizás les ayude esta interpretación una tira cómica realizada por el caricaturista Gustavo Sala, que dibujó a un Spinetta sentado frente a una computadora intentando escribir una letra para una canción  “rolinga”. En el primer cuadro el “flaco” escribe: “me fumo un faso y me pongo reloco/como un aura de luz en el umbral” y él mismo se responde: “no…”; en el segundo cuadro escribe: “tomamos una birra y quedamos colocados/en el infinito umbral de tu luz de ti” y otra vez la rechaza: “no, no”; en el tercer cuadro intenta nuevamente: “tocamos unos rocanroles y matamos un rati/en la lúcuma del magma de tus ojos”, pero “no” tampoco le suena; hasta que en el último cuadro el Spinetta de Gustavo Sala se da por vencido: “es al pedo… nunca voy a poder hacer una banda rolinga”.

1 comentario:

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