jueves, diciembre 27, 2012

Desierto


Llueve la lluvia como si fuera la misma en todas partes. Pero aquí, en este espacio del mundo la lluvia es única, se espera desde hace mucho y cada gota es un reflejo que no se olvida.
Me pereció verlos abrir los brazos y cantar de alegría, de golpe lo vi verde al algarrobo, viva a la zampa, fibroso al chañar y reconocí por fin a todos los cactus florecidos. De dónde aparecieron tantos pajaritos cantando, de dónde las ranas y los sapos si hasta ayer todo era desierto amarillo y arena penetrante que secaba el paladar de las cabras y dejaba sin leche a sus crías. Ahora todo es distinto, el aguaribay parase otro árbol, más de mil brotes le han salido. Lo que ayer estaba muerto esta mañana está cantando. La lluvia cae como si nada, como si fuera cuestión de todos los días, pero hace más de un año que no llovía de corrido, una que otra tormenta perdida, una nube que apenas se le escapaban unas gotas lastimeras. A San Vicente lo han paseado de un pueblito para el otro, le han prendido velas, lo han llevado hasta a las cuadreras, a la iglesia y a la escuela, le han cantado más de cuarenta cuecas, gatos y tonadas. Creer y reventar, pero si no llovía pronto todo aquí se iba ir muriendo como una queja en silencio. Pero esta mañana el secano lavallino se hace humedal por unas horas, caen las gotas agoreras y los vaqueanos se ilusionan con que se llenen las represas. Las madres fríen sopaipillas y los niños se llenan la mirada de lluvia, el agua es vida y la vida es aquí un milagro, es cuestión de ver con qué felicidad se revuelcan las chanchas con sus crías en los improvisados charcos de arcilla, para recién allí entender un poquito algo. Apenas un poquito algo, todo aquí se raciona… hasta el razonamiento ¿Hacía falta llegar tan lejos para entender algo?
Levantarse con el Inti y saludarlo aunque no se vea, encapotado está el horizonte de un gris oscuro. Mirar a lo lejos como bajan las nubes con sus panzas llenas de agua, para que le haga cosquillas la pampa y de sus pupos suelten goteras gigantes que mojan y mojan la tierra. El aire se inunda de perfumes penetrantes y esenciales que destilan la memoria de la Pachamama. Pensar que decimos estar en medio de la nada cuando nos internamos por las huellas, cuánta ignorancia nos pesa, cuánta cultura perdida, aquí en medio del monte hay de todo menos nada. Ahí va una mara corriendo, una mulita se esconde y se entierra, un correcaminos nos desafía el paso y se pierde, aquel es un choique, eso es una araña pollito pero no tengas miedo que no pica, temele mejor al matuasto que es bicho jodido, muerde el talón y no suelta. No tengas miedo a todos estos bichos raros y ponzoñosos, ellos son la garantía de que existe la vida y que ella tiene un misterio escondido. Respirá fuerte y con ganas, que te entre el aire por todos los poros posibles, pocas veces vas a sentir la lluvia mojar las arenas y moldear las arcillas, pocas veces vas a ser testigo de la vida de una manera tan sencilla.
Quedáte unos días a convivir con el desierto, el amanecer es amarillo y el atardecer se pone rojo y misterioso, este es un lugar hermoso para sentirse pequeño, antes de dormir verás la luna como nunca te lo imaginaste, es posible que te cueste reconocer el cielo y más difícil todavía encontrar a las tres marías o al soltero lucero, aquí en el universo son millones las estrellas. Ahora y aquí sí que no te sentirás solo. Al poco rato vas a sentir la energía vibrar desde lo profundo del mundo, no te harán falta pastillas, ni drogas, ni televisión para quedarte dormido. Aunque si querés dormir tranquilo no te recomiendo que charles con los vecinos sobre los aparecidos, las brujas y los futres, aquí hay luces malas de endeveras y ver corren jinetes sin cabeza es cuestión de todas las noches. Si sentís algún sonido extraño en medio de la madrugada, se conciente que no son las cañerías, los techos de chapa, ni los colectivos que pasan, son las ánimas de los muertos mal muertos en las duelos de cuchillo, que vuelven noche tras noche a vengarse de la traición que los tiene presos. Pero no temas tampoco a los muertos, que ellos ni te junan y no te deben nada. Sentí no más lo que más puedas, sentí el aire cuando se mueve, sentí la vida en cada espina, sentí un poquito a esta tierra que está sedienta y que respira.

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