viernes, abril 16, 2010

El país de los navys


Generalmente se habla de “efecto simbólico” cuando se quiere referir una imagen subliminal y distorsionada de la realidad, o mejor dicho, una fantasía que se soporta en una realidad vacía, un paisaje imaginado que se apoya y se refleja sobre él mismo, pero que sin embargo provoca reacciones esperables, prediseñadas. Es lo que hace la publicidad, crea un símbolo utópico, un mundo deseado al que pocos tienen acceso, y entre esos pocos estás vos, con un aparatito que te conecta con otros como vos en un mundo de sueños (la forma de pago y el color del estuche lo elegís vos).

La práctica política ha abusado a destajo de ese mecanismo simbólico, y ha creado su propio “Avatar”: un mundo que está en “otro” no-lugar, en donde se libran batallas de justicia y libertad en nombre de los desposeídos. En esta película (la de la política mediática), los pobres nativos sufren la invasión de los malos (la maldad siempre viene desde el espacio exterior). Los navys tienen la tierra y pueden conectarse con ella, pero no saben cómo hacerles frente a los invasores, necesitan de un “elegido”, de un “enviado” que viene de la “civilización”, y que al pisar suelo virgen se santifica, se vuelve uno de ellos, pero no “uno de ellos cualquiera”, se “convierte” en el “mejor de ellos”, porque “él” es el resultado de la síntesis última, la resolución dialéctica de la dicotomía “civilización - barbarie”. Es tan capo este muchacho, que es capaz de dominar a los “dioses” en pleno vuelo, y demostrarles a los ingenuos nativos que la tierra escucha y obedece sólo a los que le hablan en un tono “chabacano” y desfachatado de los insolentes.

A los “Macri´s De Narvanianos” les debe haber alucinado esta película, “qué bueno que estaría” meterse en el cuerpo de los pelandrunes, hacerse pasar por uno de ellos, y lo mejor, hacerles creer que son geniales, que sus mujeres son bellas, inteligentes y valientes, pero que no les corresponden, que sus costumbres están cargadas de sentido y plenitud, pero que les falta el toque “cool” de los descarados, la picardía de la “gente como uno”, que es lo que no tienen los giles para enfrentar a las adversidades de la historia. Votáme, elegime, vas a seguir siendo “grasa”, pero vas a tener estilo, chabón.

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