miércoles, junio 24, 2009

El Loco Juan, Facebook y los Pitufos

3.432 son (somos hasta ahora) los fans (fanáticos, adeptos, seguidores, hinchas, “amigos”) del Loco Juan en Facebook. Más de un candidato a diputado quisiera tener semejante cantidad de votos cantados y seguros. Es un dato curioso, simpático, atractivo y sumamente paradójico. Minitas y boluditos de la luna se suman al fenómeno mandando saludos por la net al emblemático loco. Entre tanta crema burguesona no podía faltar el germen de la culpa y de la compasión (La pasión de Juan) judío-cristiana que organiza una colecta para ayudar al homenajeado en cuestión (que dicho sea de paso no le viene mal algo de guita y ropa nueva). Mientras sus “adeptos” se envían señales de adhesión, cuelgan fotos, cuentan sus aneadotas y juran haber visto al pobre Juan haciendo tal o cual pirueta en algún último evento público, el famoso personaje discrepa entre un coñac seco cosecha ‘78 o un tinto clase B que le ofrecen el la barra del “Papito”. ¿Sabrá el Juan que es Facebook? ¿Tendrá idea de la cantidad de personas que utilizan este medio por día en todo el mundo? ¿Y de saberlo, la importará un catzo que sus fotos y videos viajen por ahí y entren en las habitaciones de adolescentes fastidiosos, oficinistas desteñidos, solteras desesperadas o viejas al pedo? Si lo vemos por ahí deberíamos preguntarle.

El efecto de las redes sociales en internet me hace acordar mucho al fenómeno de los pitufos. Durante su efervescente fama estos duendes eran adorados por miles de niños que compraban sus revistas, figuritas, muñequitos y hasta la fábrica de hacer pitufos. Era tanta la estupidez que generaban estos bichos que las madres salieron a decir que estaban endemoniados. Preocupadas por la salud mental o física de sus hijos, los progenitores se reunían en la casa de alguna vieja comadrona y hacían la fogata de San Juan con todo lo que encontraran que tuviera la imagen de la Pitufina. El gordo Barzola juraba que su muñeco de Papá Pitufo sobrevivió a las llamas y se le aparecía por las noches. El gordo era muy mentiroso. Fue una campaña sucia pero efectiva y decididamente psicopatera. Te prendías frente al tele con cierta culpa, juntabas las figuritas a escondidas, los dibujabas en la contratapa del cuaderno Gloria. Sin embargo todos los veíamos y seguíamos la oleada de su merchandising (término anglosajón compuesto por la palabra merchandise, cuyo significado es mercancía y la terminación -ing, que significa acción).

Al igual que a los Pitufos, existe cierta fobia a ingresar a estas comunidades o redes virtuales por parte de gente que presiente el final de las relaciones reales, cuerpo a cuerpo, y que teme por la intimidad e integridad de sus amigos y conocidos. Tené cuidado de las fotos que colgás, no ingreses tu nombre real, no comuniques tu fecha de nacimiento, ni se te ocurra poner tu dni, etc. Existe una absurda tendencia fatalista y apocalíptica a pensar que internet se lo va devorar todo. Desde aquella sonsa película sobre la matrix el ciudadano común desconfía hasta de su cafetera eléctrica. Pobre tonto. La verdad, o una verdad, o la verdad que nos creemos que es verdad, es que uno entra a estas redes virtuales y se encuentra con todo el mundo. Un mundo estúpido y sordo como el que está detrás de la ventana.

Ah!, el Loco Juan, bueno… poco tiene que ver él con toda esta estupidez. Ahí va dibujando garabatos en su Laptop de cartón, siempre precavido con su casco amarillo, dirigiendo el tránsito y convencido que su realidad ha superado hace rato cualquier otra rara novedad que pueda ofrecer internet.

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