viernes, junio 26, 2009

20 años es todo

En el film “Los Soñadores” de Bertolluci, tres jóvenes cinéfilos juegan a interpretar escenas de películas, el que no adivina debe cumplir con una prenda, que son pruebas tales como masturbarse delante de alguien o hacerle el amor a otro, mientras que afuera, en las calles de París, estalla el Mayo del ‘68, en una escena célebre están los tres debatiendo filosóficamente la realidad política desnudos en una bañadera y fumando marihuana, ellos tres eran la revolución sexual y psíquica de un mundo viejo y absurdo, no necesitaban saltar a las calles y quemar los autos para demostrar la rebelión, eran la rebelión aunque no lo supieran. Hoy no se necesita ser joven para hacer ciertas cosas, sin embargo ninguna práctica juvenil nos convierte, per se, en jóvenes.

La música pop estalló de la mente alucinada de cuatro ventiañeros de Liverpool, se desplazó por el mundo y creó una cultura, una manera deferente de sentir, escuchar y ver la realidad. Hasta lo cabalístico y místico tuvo su signo, ciertos íconos de esta cultura del rock y el pop murieron a los 27 años. Dejaré un cuerpo joven y hermoso, rezaba la consigna. Lo mismo pasó con las demás ramas del arte y la literatura. La revolución cultural de los años ’60 la hicieron los jóvenes y era de ellos. En las organizaciones sociales y políticas que intentaban de algún modo cambiar el mundo, trasformar el modo de vida burgués, construir un universo nuevo para ellos y sus futuros hijos, era difícil encontrar a alguien mayor de 25 años y una excepción que alguien tuviera 30 años y estuviera allí, planificando el porvenir.

A casi 10 años del fin del mundo que nunca llegó, es casi imposible discriminar a simple vista quienes son los jóvenes, es imposible detectar quiénes gozan de la rebelión de los sentidos. Los niños de 12 años imitan, se visten y se comportan como si tuvieran 25, los adultos de 30 y más intentan seguir haciendo lo que harían si hoy tuvieran 20 años. Los padres de los chicos de veinte se esmeran por ser aceptados por sus hijos y ser tratados como pares. Todos queremos ser jóvenes, soñamos beber por siempre de aquella fuente, insistimos con léxicos, formas, modas y tecnología, pero es inútil, la juventud no se compra en el supermercado.

Se me dirá que la brecha de edad para definir un grupo social depende del momento histórico determinado, y que en la actualidad ciertas prácticas juveniles comienzan desde los quince años, mientras que otros hábitos y otras conductas pueden definir como joven a alguien de 35. Pero minga! No señor. No mi amor. La sangre fluye, hierve, se rebalsa y se desborda por las calles a los veinte años, y nunca más serás tan joven como ese día, y nunca más te querrás comer el mundo, llevarte el universo y las estrellas por delante, y nunca más te importará tres cuernos lo que digan los periódicos, las encuestas y las revistas de chimentos.

Se me dirá también que estoy viejo, que siento nostalgia de mis veinte abriles que no volverán, recuerdo de un tiempo que ha pasado, nostalgia de la vida que se va…

3 comentarios:

Angie dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

E ingenuamente pregunté: "seguís escribiendo?"
Un placer este reencuentro... un placer volver a leerte...
Nuevamente gracias!

Andreievna dijo...

no sé. Mas vale que hay cosas que cambian (la biología es poderosa), pero a los 20 no me sentía con ese ímpetu. O si lo tenía no sabía muy bien cómo orientarlo. Los años dan una seguridad en las convicciones que por mí es tan bienvenida como la juventud. (claro, mientras me dure la fuerza para llevarlas adelante!)

Salud