lunes, mayo 25, 2009

“Alguna vez tu papá mató un chancho”

“¿Alguna vez tu papá mató un chancho? ¿Tuviste miedo?” El que siempre mataba los chanchos en mi casa era mi tío Ildo, fanático de River. Cuenta la leyenda familiar que mi primer superclásico lo presencié a los cuatro años. En aquella época no era de extrañar que River goleara a Boca en su propia cancha y eso fue lo que pasó esa vez. Mi viejo, fanático de Boca, enfurecido empezó a insultar y tratar de explicarme a los gritos que “Nos ganaron. ¡Perdimos! ¡Perdimos!”, yo lo miré con toda la inocencia y le respondí “yo no perdí, yo soy de los otros, de los que ganaron”. Por medio de mi madre, que no aguantaba más de la risa, le llegó la noticia a mi tío Ildo. Al próximo domingo se apareció con la gloriosa camiseta de la franja roja que cruza el pulcro pecho blanco y el correspondiente par de medias como regalo. Esa vez no necesitó gastar a mi viejo por el triunfo, una goleada a Boca no era nada comparado con un nuevo hincha de River nacido de las mismas fauces bosteras. Así de fácil sumó el Ildo otro sobrino más a las gradas millonarias. Él tenía la costumbre de hacer hincha de River a los hijos de sus hermanos y cuñados bosteros, hábito que lo hizo el tío más famoso. Se empeñaba tanto en aquella costumbre que con tal de ganar otro hincha no medía las consecuencias. Cierta vez le tocó un sobrino rebelde que se obstinaba en ser hincha de Boca igual que su padre. Mi tío utilizó todas las estrategias y mañas habidas y por haber, y nada, el pibe seguía fanático Xeneize. Hasta que una tarde se lo encontró al niño jugando cerca del horno de barro y se le ocurrió una apuesta: “a que te hago hincha de River", “yo soy de Boca” respondió el sobrino con todo su orgullo y todas sus fuerzas. “Vamos a ver que tan hincha sos”, le dijo el Ildo, “metete adentro del horno y gritá ‘Viva River’”. El niño entró al horno desafiante y gritando “Viva Boca”. Detrás del niño mi tío encajó medio paquete de sarmiento seco mientras preguntaba “de quien sos hincha”, “de Boca” gritaba el niño obstinado. Encajó entonces medio paqueta más de sarmiento por la boca de horno mientras repetía la pregunta. “De Boca” volvía a responder el sobrino. Pero apenas el niño lo vio al tío con fósforos y un papel sintió que no estaban jugando. Si decís “Viva River, te saco del horno”, negociaba el Ildo. “Yo soy de Boca” se oyó otra vez desde adentro. “Decí ‘Viva River’ y te dejo salir”. Cuando el tío encendió apenas el papel e hizo unos grotescos ademanes amagando con prender la leña, el sobrino creyó que ya no estaban bromeando y largó un “Viva River” suave y entrecortado. “Cómo dijiste”, preguntó con gusto el Ildo del otro lado iglú de barro, “Soy de River tío, se lo juro, siempre fui de River”. El tío respiró, apagó el fuego y sacó uno a uno los sarmientos. Esa vez al Ildo le costó, pero la tradición de formar hinchas millonarios la siguió marcando a fuego al resto de sus sobrinos, por el resto de nuestras vidas y durante muchos años más.

El de la foto es Walter Gomez, gran figura de River Plate y muy admirado por mi tío Ildo.

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