martes, noviembre 25, 2008

Literalmente
Leyendo un artículo periodístico especializado, descubrí que existen libertades literarias que andan pululando por ahí (que linda es la palabra pululando cuando se habla de libertad, ¿no?). Hasta ahora yo sólo conocía la libertad en su única forma y desarrollo, es decir, instantánea y fugaz, repentina e impertinente, perspicaz y soberbia, sobradora e ingobernable, etc. Pero no conocía la libertad literaria, ¿será esa una nueva forma de las cosas? Una nueva forma literaria de las cosas.

Me pregunto y sólo me responden más preguntas ¿De qué está hecha la calidad “literaria” de las cosas? ¿Dónde firmo la escritura “literaria” que saciará mis necesidades humanas, necesidades animales, mis necesidades “literarias”? ¿Existe literatura “literaria”?
Literalmente, supongo que no.

Suponiendo también que cuando digo literario digo también literatura, que sería lo literario en su forma expresa, en su forma concreta, y por que no, en su forma material. La literatura debe tener alguna forma, algún contenido, debe estar hecha de algo. Pensándolo un poco, creo que la forma, el contenido y las achuras de la literatura están hechas de lo que provoca. Literalmente la literatura no se puede ver, no se puede tocar, no se puede comer, es decir, que no puede saciar ninguna necesidad. La literatura viene a ser todo lo contrario a saciar necesidades, la literatura mas bien las provoca.

A mí, por ejemplo, me pasan cosas con la literatura. A mí la literatura me da hambre. Me da hambre escribir. Me da hambre leer literatura. Me da hambre caminar hasta la Alameda para pedir prestado de la biblioteca pública de la ciudad una novela de Tejada Gómez. Me da hambre concursar en los certámenes literarios. Lo que no me da mucha hambre es tener que leer delante de otra gente. Recitar me quita el apetito porque me pongo nervioso. Cuando es de noche y estoy nervioso me da por tener sed y tomar algo de vino. Según dijo el poeta, la “sed es verdadera”. Quizás lo dijo porque a los poetas no les hace nada de gracia que el vino se vuelva “literario”. El vino corre por las venas de los poetas casi todas las noches, literalmente, y se evapora con el aliento de la mañana, específicamente. En fin, me fui por las ramas, me colgué, bah!, me tomé el atrevimiento, ¿me habré tomado una libertad literaria?
Según los especialistas lo literario es siempre otra cosa y no lo que cree que es. Para ellos lo literario sería todo el resto que se bifurca. Pero si esto fuera cierto, todo el resto del mundo que se pierde se reciclaría en la literatura. Cualquier error, cualquier pifiada, toda broma tomada en serio, sería literalmente literario. Cosa que a veces ocurre y es tan asqueroso.

Dentro de tantas asquerosidades están las transformaciones, la metamorfosis que se generan en las cosas comunes y se vuelven literarias. Por ejemplo, cuando un libro de historia es demasiado tendencioso e ideológico, se transforma en “literario”. Cuando una nota al lector combina la denuncia vecinal con la metáfora cocoliche, se transforma en “literaria”. Cuando cualquier afiche publicitario no logra vender lo que vende, se transforma en “literario”. Cuando el discurso presidencial pierde su sentido y se vuelve pura retórica retrograda, se transforma en literario. Cuando la lista del supermercado termina con la postdata: “gordo, no te olvides las berenjenas para el escabeche, te amo, tu bicha”, se transforma en literaria. Y así…

Por suerte los especialistas también se equivocan. Pero muchos de ellos, sobre todos los más famosos, tienen la suerte de que otros especialistas tomen esas equivocaciones como metáforas o giros lingüísticos, y a la hora de escribir sus biografías le salven el cuero con el epígrafe: esta última obra Jean Pierre Luxcua, si bien lo aleja de la física cuántica lo acerca al ensayo literario. Pareciera que todo lo que no debería ser, para los especialistas, es literatura.

Post Data: Para mí lo literario puede ser también la otra cosa de las cosas. Lo literario puede ser también la parte blanda del cascarón de la tierra. Lo literario es lo que envuelve a la muerte verdadera con celofán. O es quizás ese humito que se desprende y se eleva cuando sale el sol sobre una calle con barro en pleno invierno.

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