domingo, octubre 28, 2007

Elecciones 2007.28 de Octubre. Argentina.

Juan Pedro piensa que las elecciones son un fraude. Piensa también que este país es un fraude. Por eso en cuanto pueda tomará una beca y se irá a cualquier país del mundo en donde no sea obligación votar.

La señora de Domínguez no lee mucho los diarios ni sabe mucho de política. Sin embargo en estas elecciones ella tiene su candidato. Le ha gustado como él habla por televisión, como se mueve, como hace las pausas, como efusivamente retoma el discurso y como armoniza el remate final. A ella le ha gustado mucho su candidato, tiene mucha fe, hasta ha encendido algunas velas y ha susurrado un avemaría suave y seductor.

Francisca está feliz de que el cuarto oscuro no esté oscuro. Es su primera vez. Sus amigas dicen que una ingresante de medicina no puede ser virgen. Está emocionada de ver tantas boletas con tantos nombres. Toda esa gente interesada en participar, en involucrarse. Mientras lee cada una de las formulas sueña con la cara de los chicos que la esperan desde las seis de la mañana en un centro de salud en Las Cortaderas. Al final elige, igual que anoche, lo hace sin tener un candidato favorito.

Eduardo, como hace más de cincuenta años, se ha levantado a las cinco de la mañana y ha encendido la radio. Sabe que no tiene obligación de ir y eso lo fastidia. Ya esta sintiendo los comentarios del almuerzo, qué para que vas, que más de uno le gustaría quedarse a dormir, que para qué tan temprano. Hijos y nietos todos complotados en sus comentarios. Si hasta se parecen a los colimbas rasos que se escondían para los ensayos de los desfiles. Mira el reloj y son las cinco y cinco. Todavía se ven las estrellas. Este debe ser el día más largo de todos, piensa y se pregunta, a qué hora comenzarán con las bocas de urna.

Gustavo recuerda el 83, su papá llevándolo en andas, las banderas, los cánticos. Todos gritando por las ventanillas. Esa tarde no importaba que los chicos pisaran los asientos. Recuerda la cara de alegría que tenía aquel hombre, no parecía un padre, hasta se veía más joven. No paraba de hablar, de contar cuando los peronistas intervenían los comités de fábrica manejados por radicales. Volvía la democracia. Volvía el viejo partido al poder. No cabía más felicidad. Anoche su papá le confesó que votaría la formula de la concertación. Sí papá. Gustavo volvió al auto, camino a su casa bajó la ventilla y gritó.

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