martes, septiembre 11, 2007

La vieja

La vieja mirando en la vereda, se seca con el sol. Se ha acodado en el pequeño pilar de la verja. Desde allí contempla el universo invariable. Parece que ni respira, apenas agacha la cabeza sobre sus manos tiesas y grises. Sus ojos grimosos son los únicos atentos. El sol está atravesando la desgastada pared y le pega de lleno sobre la cenicienta cabeza. Quizás está pensando en retirarse. Nunca la has visto caminar, no sabes como ha llegado hasta ahí, siempre la has visto ahí sola, siempre con el sol en la cabeza. Ahora te parece distinguirla, otras se te confunde con el descascarado paisaje. La vieja sigue ahí, nada la inmuta. Alguien pasa por la vereda, su mirada sigue ahí, fija y seca. Alguien pasa y la saluda, de su boca muerta nace un “buendía” torvo y lentamente sus párpados se sacuden. Por una extraña sensación la vieja te llama la atención. De todas tus pesadillas no sabes si la elegirías. La vieja se está secando en la vereda. Te da igual atravesar la calle o pasar frente a ella. Sigues adelante. Tu cuerpo es inercia. La sensación angustiosa. La tienes ahí. Sus dos ojos parcos te miran. Te esgriman. Sientes la tentación. Están por saltarte al cuello. Están pronto ha saciarse de una buena vez.


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