martes, enero 23, 2007

Los pobres somos una porquería
Las vidas de los pobres se parecen, aunque parezca un chiste, se parecen aún más cuando hay uno que se quiere diferenciar y se dedica a vivir de esa renta.
Nos parecemos tanto los pobres entre si que jamás podemos zafar de ese estigma. Aunque nos sacrifiquemos, robemos, estudiemos, estafemos o nos dediquemos a los negocios nunca saldremos del status. Somos pobres de alma. De alma negra.

Cuando un pobre se vuelve rico o logra cierto prestigio muestra la hilacha con la que está hecha su cuerda. No evoluciona, no madura, no transgrede más allá de los suyos. Se vuelve para si. Se vuelve hacia los suyos. No quiero decir: en contra de los suyos; quiero decir que vuelve donde salió, conciente o inconscientemente, salvaje o feliz, ofensivo o amigable, guerrillero o diplomático. Si quieren, digamos que se vuelve contra si, que es sobre lo único que puede volver, los demás ya no son quienes eran. Solo el río es el río.

Los pobres no toleramos la diferencia, un vértice “facho” que tan bien han sabido explotar los dictadores de todos los tiempos y colores. En el alma se nos engendran por lo menos dos sueños. Junto al sueño soviético-cristiano de que algún día todos seamos iguales y compartamos el pan, convive el sueño de ser Gardel, del criollito pícaro que triunfa en la tevé, el sueño del pibe que quiere habilitarse aún estando off side. El sueño del que se saca el prode y se compra un cerro bien lejos del barrio.

Al abrigo de tan felices sueños nos han sabido persuadir o domesticar: ya sea con un uniforme o con una tarjeta de crédito.

1 comentario:

Andrés dijo...

WENO, WENO... IA DENTRO E POCO PODIS COBRÁ POR ESCRIVIR, LAAAAAAA... TANTO INCISTIR CON CORTITO Y PICANTE, QUESTAMO PARIENDO KINOTOSSSSSSS.
NO HAGAI COMO EL SUBCOMANDANTE, COBRÁ POR ESCRIVIR, IO CE LO QUE TI DIGO.
EL TIEMPO PAZA I DE TANTO PAZAR NI NO DAMO CUENTA, COMO LA FRITURA DE LO DISCO. TEKICE, TE KIERO Y TE KERRREEEE...