sábado, enero 27, 2007

El bolso
En cierta medida es jodido ser negro. No tanto ser negro de raza negra. Sino negro de raza blanca. Un "morochito".

Un negro entra en una disquería de cadena internacional buscando un libro. Por lo menos no debería ser sospechoso que un negro lea en una ciudad turística. Una vez adentro se encuentra con el guardia de seguridad, quien sin pedir por favor, le ordena dejar su bolso en los gabinetes de la entrada. Entre las góndolas, camino a los gabinetes, el negro descubre que turistas americanos y europeos, todos coloradamente rubios, revisan estantes, ojean discografías, revelan fotos y besan a sus novias blancas, todo eso con sus bolsos acuestas. El negro se detiene. Siente que están cometiendo una injusticia con él. ¿Todos "ellos" están con sus bolsos y sólo él debe dejar el suyo en los gabinetes? No quiere que las cosas queden así. Sólo así. Siempre así. Entonces gira y se vuelve sobre sus pasos. Llega frente al guardia y se le planta. Lo mira feo. Le cuestiona el porqué de la regla caprichosa. Lo increpa fiero y más feo. Es injusto. El guardia, un negro gordo y mal gestado, se debate en el dilema y se retracta a medias. Inventa una excepción y lo deja permanecer dentro del local con la condición de que le muestre el bolso al salir. El negro se sigue sintiendo sospechoso y ridículo. La injusticia no ha sido disuelta. Mientras los rubios siguen impunes, lánguidos, famélicos y torpes.

El negro quiere defender su piel, su dignidad, su derecho de negro que lee libros en una ciudad turística. El negro se engrana y se sale del tarro por negrear. El negro maldice a sus ancestros criollos, mestizos y mulatos. Maldice el origen de aquel negro que le ordena y le pone condiciones. Maldice también a los suecos y noruegos que sin mirarlo le sospechan su negrura. Maldice tanto el negro que los rubios sajones al fin salen de su mismidad y observan detenidamente la escena. El negro se siente observado, perseguido, acorralado. Ya se olvidó del libro. Ya no puede volver sobre sus pasos. Ya no sabe si debe seguir a sus palabras. No le quedan muchas opciones. Entonces decide salir. Decide huir.

Ahora ya ha ganado la calle. Se aleja a tranco largo del local internacional. Se aleja sin su libro. Se aleja con su bolso. Dentro del bolso su pistola, una botella de ginebra, dos porros y un gramo de cocaína.

3 comentarios:

wenchaomao dijo...

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Andrés dijo...

AL NEGRO WENCHAOMAO LE GUSTA KE DIGAI PORRO... NO LE PRESTES NI ATENSION, ZON COZAS DE NEGR0O

Godsize dijo...

¿Y qué iba a comprar, el negro? Si era Cohelo, bien por el guardia, si era casi cualquier otra cosa...
Borges decía que nuestros negros, a comparación de los de Brasil, eran amateur.