jueves, abril 27, 2006

El sublime objeto del deseo
Mable siempre pierde las cosas que guarda. Las pierde porque olvida el lugar dónde las guarda. El dinero lo esconde en un lugar seguro para luego olvidar dónde y saltar de alegría cuando después de días de sufrimiento lo encuentra dónde, claro, lo escondió. Las llaves son un clásico, en un promedio de un año las debe haber perdido trescientos sesenta y cinco veces, días más días menos. Las anotaciones de clases y números de teléfono las pierde con metódica disciplina, se siente tan perdida de su pérdida que hasta llora de bronca, pero luego cuando las encuentra se olvida tanto del llanto cómo del nuevo lugar dónde las va guardando. No se crean que estoy narrando el fenómeno de una práctica extraordinaria. Como cualquier persona olvida también los turnos con el médico o la fecha de la obra de teatro que hace meses se prometió no olvidarse de asistir. Pero no es la frecuencia o elocuencia de su olvido lo que me preocupa de Mable. La he visto guardar tan celosamente lo que más anhela luego encontrar, que tal vez esa sea la respuesta de su olvido: En su olvido ella sublima el encuentro con lo que más desea. (?) Un día Mable me encontró y me llevó a su casa y me dijo: “Quedáte ahí y no te muevas”. Pero claro, yo no soy tan estúpido como las llaves o tan pretencioso como las anotaciones. No me quedo guardado en mi lugar esperando que ella me encuentre. Si no que siempre me ando mudando lo mas cerca que pueda de sus esperanzas.

4 comentarios:

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